Creyendo y creando

La higiene en las terrazas

Hace tiempo que me preocupan las terrazas de los bares, especialmente, por un motivo muy concreto: su higiene o, más bien, la de sus usuarios

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  • La higiene en las terrazas. -

Hace tiempo que me preocupan las terrazas de los bares, especialmente, por un motivo muy concreto: su higiene o, más bien, la de sus usuarios. No es preocupación banal, leve ni insignificante. Es grave, severa, seria, al punto de tratar de evitar las de algunos establecimientos. Cuestión de escrúpulos lo mío, cierto es, y cada día más acusados.

Realmente, debo afirmar lo que un amigo me decía cuando le comentaba esta preocupación: “nuestras cafeterías y tabernas han avanzado en la higiene; ya no se escuchan los crujientes chasquidos de las gambas pisadas por el suelo”. ¡Qué verdad!, y, por eso, esta crítica no es ni al empresario, ni a su negocio. El problema está en quien se sienta en sus dependencias con la equivocada certeza de que aquello es solo suyo.

¿Y qué ocurre en los veladores para inquietarme tanto? Primero: que cada día son más las personas que se quitan los zapatos cuando se acomodan de forma definitiva en sus sillas. Segundo: que no pocas de las anteriores tienen por hábito tocarse los pies en dicho trance. Tercero: que algunas otras gustan de dejar a sus mascotas chupar los platos para apurar lo que les ha sobrado.

A mi juicio, no es grave este asunto, sino gravísimo, y se manifiesta, desgraciadamente, cada vez más. Por ello, los escrupulosos nos plantemos una serie de cuestiones en las que se nos va, a veces, el sueño. ¿No es esto una falta de respeto a la convivencia? ¿Debemos sufrir esta realidad? ¿Qué debemos hacer en estos casos?

Ante estas cuestiones, llega la respuesta. Así, la primera tarea que debemos cumplir es saber elegir el lugar en el que pretendemos disfrutar. En segundo lugar, llegados al recinto, es fundamental comprobar que no hay aparentes indicios de despropósito. Por último, nuestra obligación debe ser la de concentrarnos en disfrutar y, bajo ningún concepto, mirar a las mesas de alrededor hasta acabar, que, aun con toda precaución, nunca se sabe lo que puede estar ocurriendo en alguna mesa vecina.

Acabo con un aviso sobre la compañía escogida: andémonos con cautela. Si ves que tus amigos son de esos que tocan con su tenedor todas las croquetas antes de pinchar la que van a degustar, apresúrate hacia la que aún está pulcra y, el próximo día, alega alguna manía para servirte antes que nadie. Solo así podremos disfrutar, de manera cabal, de nuestras maravillosas terrazas de bares y cafeterías.

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