Navalcardo

El otro Jaén

A miles de kilómetros de aquí, al otro lado del mundo, un jaeno cada día madruga para ir a trabajar en los cafetales. Y otro pasa los días cultivando el cacao

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El otro Jaén.

A miles de kilómetros de aquí, al otro lado del mundo, un jaeno cada día madruga para ir a trabajar en los cafetales. Y otro pasa los días cultivando el cacao.

Cumbias y huaynos resuenan a través de Radio Marañón en los frenéticos mototaxis que  van y vienen por la avenida donde el gorrión jaeno corona un azulado obelisco que da la bienvenida a la ciudad. Mientras, los mayores pasean entre la Plaza de Armas y el Pasaje Bracamoros, entoldado por coloridos paraguas y las señoras preparan la chicha morada que se tomará en el almuerzo acompañando al ceviche y un plato de chancho. Y se encomendarán al Señor de Huamantanga y brindarán con pisco los éxitos de la Asociación Deportiva Agropecuaria en el fútbol.

Así discurre la vida en esta ciudad que también se escribe con las mismas cuatro letras que la nuestra. Ese Jaén que sin embargo se pronuncia con acento cajamarqueño.

Es el Jaén de Perú, el de Bracamoros. Aquel que existe desde que el jiennense Diego Palomino lo fundase en memoria de nuestro Jaén. Y aquí, su Jaén natal, precisamente no perpetúa su memoria de ninguna forma entre las calles y plazas de nuestra empinada ciudad. Triste, pero así de cierto. En cambio su nombre lo proclaman los niños jaenitos cuando, uniformados, cantan el himno local en el “Coloso y Emblemático Colegio Jaén de Bracamoros”. Ese mismo centro que la pasada semana interactuó con escolares jiennenses por videollamada en el salón de plenos del ayuntamiento de Jaén  en otro impulso por continuar un hermanamiento entre ambas ciudades que avanza con excesiva lentitud. O dicho de otro modo, no termina de despegar pese a la buena voluntad principalmente de Iuventa, que mucho tiene que ver en este bonito proyecto

Y en medio de todo esto permítanme recordar y traer hasta aquí la proeza no suficientemente reconocida de un grupo de jiennenses que hace dos años viajaron hasta allí a iniciativa propia activando el hermanamiento entre ciudades, sin apenas apoyos ni recursos, pero con ilusión y entusiasmo.

Se sorprenderán, pero fue la Tuna Universitaria de Distrito de Jaén la encargada de inaugurar la Plaza Jaén de España e izar la bandera morada de nuestra ciudad en su homónima peruana bajo los sones del himno de Cebrián y Mendizábal. El pueblo jaeno les concedió la Medalla de la Ciudad de Jaén de Perú. Máxima distinción de aquel lugar.

Para quienes tuvimos el privilegio de vivir todo aquello, Jaén de Perú ocupa un lugar inolvidable en nuestras vidas. Allí quedaron amigos que ya lo serán para toda la vida, aunque nos separe la distancia. Por eso entendemos que se hace necesario reivindicar y visibilizar a la ciudad hermana con la que compartimos no sólo nombre, sino una historia en común que los propios jiennenses, generación tras generación, hemos ignorado por puro desconocimiento. 

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