La Pasión

Lágrimas de un capitán

“Cada puente es de plata / si lo cruzo contigo. / Para el amor, los puentes / son alas del camino/ o desnudas promesas / del regreso, o testigos / del tiempo que navega / sobre espejos sombríos”. Joaquín Caro Romero Este camino tuyo de vuelta de la nada, este viaje al miedo sin billete […]

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“Cada puente es de plata / si lo cruzo contigo. / Para el amor, los puentes / son alas del camino/ o desnudas promesas / del regreso, o testigos / del tiempo que navega / sobre espejos sombríos”.

Joaquín Caro Romero

Este camino tuyo de vuelta de la nada, este viaje al miedo sin billete de regreso, esa mirada a mi incertidumbre, esa búsqueda al calor de la piel de un tambor que duerme hoy más destemplado que nunca sin Dios al que ayudar a levantarse camino de un calvario que ahora te está mirando de frente. Esa cara. Esas lágrimas.

No puede tu padre, hijo, explicarte lo insondable si no es como tú me explicas a mí el temblor infante de tus manos cuando me abrazas para decirme –vestido de blanco- que te marchas detrás del Dios que se cae tres veces por el puente que une tu fe con las estrellas. No me mires así, cariño, que no hay más respuesta que los ojos de la Madre de tu Capitán, la que sabe esperar, la que abre cada mañana su pecho al mundo. No mires así tu tambor, vida mía, que permanece mudo porque su parche está hecho jirones como tu calendario, el mismo que has ido pasando, viviendo con pasión mientras ensayabas decenas de partituras y figuras  sin que nadie de tu batería supiera que teníais que haber ensayado a llorar este dolor. No te sabes el compás de esta pieza, nueva y dolorosa, y tú sin el ritmo de la fe estás perdido. Como yo.

No mires así, cariño tu túnica azul de Miércoles Santo, que ella guardará cada pliegue de tu fe en el altillo de las trescientas madrugadas que tienes por delante para cerrar la herida y atrancar el portón pesado de este recuerdo.No toques más los galones de esas mangas y deja de acariciar las baquetas, mi vida, que me estás partiendo el corazón. No limpies más veces unos zapatos blancos que este año se quedan descalzos y deja que la gorra regrese al armario. Hagamos juntos una cosa.

Mira a los ojos a tu madre, que cada noche te esperó de los ensayos para que cenaras, que planchó tu túnica, que movió los cielos con la tierra, que escuchó todos tus redobles y que vela tus sobresaltos. Mira a los ojos de quien te dio la vida. Es la misma que a esa hora se acerca cada rato para comprobar cómo estás sin que te des cuenta, la misma de cuyo pecho alimentaste este dolor cofrade que ahora aprieta las paredes de tu cuarto contra tu semana más vacía. Mírala a ella, hijo, y dale las gracias a Dios porque te parieron cofrade, músico de Sevilla y marinero de Esperanza. El capitán no quiere verte llorar. Ni puede. Y si te duele este puente, y si te puede este frío, suelta el tambor y dame la mano, que yo lo cruzo contigo.

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