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La Pasión

¿Y tú, qué harías?

Esta insoportable crítica barata de mesa camilla y colmillo, de mala baba y autosuficiencia, de barra de bar y esquina… esos sevillanos con sobrepeso neuronal -de mover poco el compromiso con su entorno-que dedican sus energías a ocultarse tras las redes para vomitar cubos de bilis sobre el esfuerzo de los demás. Esos listos, que […]

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Esta insoportable crítica barata de mesa camilla y colmillo, de mala baba y autosuficiencia, de barra de bar y esquina… esos sevillanos con sobrepeso neuronal -de mover poco el compromiso con su entorno-que dedican sus energías a ocultarse tras las redes para vomitar cubos de bilis sobre el esfuerzo de los demás. Esos listos, que lo saben todo y que jamás se equivocan, esos cofrades tan verdaderos que han inventado el auténtico espíritu de la Semana Santa de la ciudad. Esos que lo harían siempre mucho mejor que los que están, que parecen custodiar el arca del sentido común. Esos que flagelan a la Iglesia, al Consejo, al Hermano Mayor, a los medios de comunicación, y al colectivo que llaman “gente” con el desprecio propio de quien cree saberlo todo.

Son personajes que pontifican, claman y escupen sabiduría cofradiera en las nuevas pistas de la comunicación y caminan pisando serrín de unas tabernas que ellos llenan a diario mientras se echan las manos a la cabeza de pensar que otros visiten exposiciones. Esos. Los mismos que con una mano te abrazan y con la otra te apuñalan. Cofrades de dime y direte, de mucho cíngulo y escaso compromiso con nada, con nadie.

Si la propuesta es Evangelio, qué mala es la Iglesia. Si la propuesta es un proyecto de exposiciones y conciertos, qué  insensatos son los organizadores que piensan en parques temáticos morados; si es con público, el Covid; si es algo sin público, que no es la esencia. Si esperamos, que hay que moverse; si nos movemos, que es hora de esperar y estarse quieto. Hagan lo que hagan quienes se mueven, llegarán estos obesos del saber cofradiero para dictar su sentencia, siempre contraria a lo que se esté diseñando.

Son unos listos, unos cofrades perfectos que pretenden explicar al resto de la humanidad la esencia, el auténtico sentir cofrade de la Sevilla de siempre. Ellos saben de qué va esto. Así, apoyados cerca siempre de la espuma. Y lo malo es que no conocen a la Sevilla más real, profunda y cierta, comprometida, sensata y capaz, útil, templada y preparada, cofrade y sincera.

Pues ahí siguen, desde el trono del sofá maltratado por las horas de una anatomía estática en la moral y en las carnes. Todo está mal. Nadie tiene ni idea de nada. Estoy por ponerme a esperar en la barra de un bar, o con los dedos inquisidores a disparar banalidades en twitter. O quizá deba llamar a ese sujeto tan sevillano que a esta hora le pone pegas hasta a su propia existencia. Ven, salvador de la sangre  pura de la sevillanía más arraigada en la historia y sálvame de este mal que nos acucia. ¿Qué hacemos que te parezca bien, miarma?

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